Otro cuento con el mismo final

Otro cuento con el mismo final

- 23 de Febrero de 2011 -

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Otro cuento con el mismo final
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De nueva cuenta, la selección sub 17 de El Salvador quedó eliminada en el camino a un mundial de su categoría a manos de Estados Unidos. El 1999, los gringos dejaron fuera al equipo juvenil, que era liderado por Eliseo Quintanilla, con un 10-1 en el global.

Era demasiado bueno como para que se convirtiera en una realidad. La selección sub 17 de El Salvador empató ayer con Estados Unidos 1-1 al final del juego y tuvo que jugarse todo en el tiempo extra. La ilusión de llegar al mundial de México 2011 pasaba por ganar en 30 minutos ante un equipo norteamericano, el cual no había mostrado ser superior al cuscatleco, que además de buen manejo de la pelota mostró carácter y no se dejó intimidar por la potencia de la CONCACAF.

No se pudo clasificar. Estados Unidos aprovechó el desgaste físico de los nacionales y en dos jugadas –en las que se conjugaron desatenciones mentales de la defensa y fortalezas técnicas del ataque estadounidense– sepultó cualquier esperanza de poder sellar por primera vez en la historia el boleto mundialista para un combinado juvenil salvadoreño. Una fue en el '95; y la otra, al 115. En los cinco minutos que quedaron solo alcanzó para llegar al descuento por la vía del penalti, luego de una agresión del portero a Diego Galdámez.

Como resultado, otra vez no se pudo clasificar, así como tampoco se pudo hace 12 años, cuando el mismo Estados Unidos eliminó a la sub 17 –en la que brillaban los novatos Eliseo Quintanilla y Alexander Escobar–, luego de un repechaje entre los dos segundos lugares de los clasificatorios que se disputaron en Jamaica y San Salvador.

Eso sí, la diferencia entre ambas experiencias es más que notable. Ayer fue un 3-2 peleado y sufrido en tiempo suplementario, mientras que hace 12 años fue un 10-1 en dos partidos, con un Landon Donovan que comenzaba a despuntar ante los ojos del mundo y un DaMarcus Beasley que se encargó de volver loco a todo el medio campo Azul.

 

Pero a pesar de que ayer se haya tenido que ir a las últimas instancias o que en 1999 se haya hecho un papel catastrófico en el entonces Flor Blanca (hoy “Mágico” González) y Columbus, el final de la historia es el mismo: otra eliminación y un duro golpe al alicaído fútbol nacional.

Los entrenadores César Acevedo y Víctor Pacheco no corrieron con distinta suerte. Los porteros Cristian Blanco y Rolando Morales, tampoco. Menos los capitanes Marvin González y Diego Galdámez Coca. Todos ellos han formado parte de los grupos que han intentado quedar en la historia del fútbol salvadoreño, pero que solo han podido incrementar los años de tropiezos. Habrá que esperar dos años más para saber si con un nuevo grupo de jugadores se puede lograr el sueño de todo un país.

 

Y la responsabilidad no cae en el plantel de seleccionados, porque ayer sobró actitud para reponerse del gol recibido apenas al minuto cuatro y empatar cinco minutos después. También hubo entrega, buen fútbol a ratos –aunque el estado de la cancha no ayudó en mucho– y voluntad. También se evidenció que el campamento en suelo azteca rindió frutos, como también lo hizo el haberse fogueado ante Colombia y México antes de encarar esta eliminatoria.

 

Sin embargo, el sinsabor queda, puesto que el boleto no estuvo lejos. Estuvo al alcance de la mano, apenas a un gol de diferencia, con un grupo que merece y necesita continuidad, así como también lo merece y necesita la sub 20, que fue eliminada en la mesa por un error meramente administrativo.

 

Comienza a ser la hora de trabajar en las bases como ya lo hacen otros países, donde son los clubes los que se encargan de formar jugadores para las selecciones juveniles y no viceversa, que es lo que sucede en El Salvador.

 

Lo demostró ayer Oliver Ayala. El chico del Pachuca de México fue –sin menospreciar a ninguno– sobresaliente en la zaga. Una muestra de que las bases deben ser la apuesta para que todo no sea solo una ilusión.