La moda es criticar

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- 24 de Enero de 2011 -

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La moda es criticar
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Los reclamos por un técnico apegado “a nuestra realidad” pasan por populistas llamadas hacia algo más parecido a lo que ha tenido el fútbol salvadoreño: una continuidad para lo que no lo ha llevado a ningún lado.

Está de moda defender la mediocridad. Típico de los dinosaurios que suelen alimentarse de las planillas de los paleolíticos dirigentes del fútbol salvadoreño. Siempre en contra de algo que signifique un cambio a su cómoda manera de trabajar. Acostumbrados a maldecir cualquier cosa que los saque de la zona de placer en la que se han apoltronado durante décadas sin proponer absolutamente nada, frenados por su ignorancia, negados a propuestas de cambio. Criticando, simple y llanamente, criticando. Defendiendo la mediocridad en la que históricamente ha navegado el fútbol salvadoreño. De esas modas no pienso vestir.

 

Se fue Juan Manuel Lillo sin dar respuesta. No hubo nada definitivo, solo la invitación a transformar la casa para generar un cambio profundo. Lo que ha sucedido es elogiable desde cualquier punto salvo, insisto, desde el lugar donde con dinero se genera opinión al gusto del mejor postor.

El CESEN ha hecho un esfuerzo por acercar a la Azul un técnico con trayectoria reconocida y entusiasmado por instalar una idea de juego en la selección. Esa que de cada 10 partidos gana tres, siempre y cuando Belice o Nicaragua se le crucen en el camino. La idea de Lillo no garantiza ganar todos los partidos, pero es una que se acerca mucho más a menudo a ganarlos. Quienes critican la llegada de Lillo son los mismos que teniéndole cerca no se atrevieron a pedirle una charla de fútbol, esos que dicen saber más que ninguno, todo por temor a quedar al desnudo.

 

El CESEN hizo llegar a Lillo a El Salvador respondiendo a un pedido extremadamente lógico de quien es candidato a casarse con el fútbol nacional. Si alguien pretendió un matrimonio sin conocer a su pareja, lo hizo sabiendo que corre el riesgo de no superar la misma noche de bodas. Lillo vio las instalaciones, conoció a los personajes, vio a la selección. Insumos que procesará para tomar una decisión estudiada. Fácil es criticar el gasto del viaje porque no entienden de inversiones en proyectos serios. Señalaron como debilidad en la búsqueda de un técnico extranjero el desconocimiento del medio, pero al mismo tiempo critican la inversión en que se incurre para que desaparezca la debilidad y conozca el medio. ¿Lo ven? Son los enemigos del cambio, los que siguen defendiendo lo mediocre.

 

Si Lillo no asume como técnico nacional, algunos pensarán que se ha perdido tiempo y dinero, nada de lo cual sobra en el fútbol salvadoreño, uno que sabemos está enfermo. Lo que Lillo deja es una radiografía y el reto para que se den los primeros pasos para su curación. Se va a modificar la realidad a partir de los sugerencias de Lillo. Lo que pidió Carlos De los Cobos en su momento, ahora también lo pide el español. ¿La diferencia? El CESEN de ahora quiere inyectarle al enfermo un nuevo medicamento. La propuesta es por una mejora inicial en las condiciones de trabajo de los seleccionados nacionales. Cambios en lo fundamental, lo básico: canchas, albergue de concentración. Un paso seguido por cambios más profundos en la estructura dirigencial. Es inconcebible que aún permanezcan en el fútbol personajes que durante años se han instalado sin dar resultado. Siguen ahí, sin hacer y sin dejar hacer.

 

Los reclamos por un técnico apegado “a nuestra realidad” pasan por populistas llamadas hacia algo mas parecido a lo que ha tenido el fútbol salvadoreño: una continuidad para lo que no lo ha llevado a ningún lado. Los éxitos han sido escasos, minúsculos, casuales y resultado de coincidencias muy alejadas a la planificación. Es necesaria la ambición por grandes cosas, por apuestas que saquen al fútbol de su realidad. Se necesitan propuestas que aporten un cambio de fondo en la manera de hacer fútbol. No entro en la moda de hablar por hablar, cuando es momento de proponer. Para criticar sin generar propuestas están los defensores de la mediocridad. Los ignorantes que frenan los cambios.